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Jackson Reyes
Jackson Reyes

Sangre En La Luna-holaebook.epub


No me asusto yo de afeites de hombre ninguno; ni los motes hacenheridas, ni muerden penachos y sonoros cobres sin la lanza. Y en cuantoa esa noche que dices hay en el escudo, resplandeciente con los astrosdel cielo, acaso esa locura pudiera ser profecía para alguno. Por quesi cae sobre sus ojos la noche de la muerte, vendrá a ser esa arroganteempresa bien justa, y verdadera, y significativa para su mantenedor, yel agorero de su propia afrenta. Yo pondré contra Tideo por defensor deesa puerta al virtuoso hijo de Astaco, de muy generosa sangre, honradordel trono del honor, y aborrecedor de jactanciosas frases. Tímidosólo para toda acción fea, jamás conoció la cobardía. Trae su estirpede aquellos hombres nacidosp.63 de la siembra de Cadmo, que perdonó Ares, y es de pura razathebana. Tal es Melanippo. Ahora Ares jugará a los dados la victoria,mas como quiera la ley de la sangre designa a Melanippo para defenderde la lanza enemiga a la madre que le parió.




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Cuando heridos y despedazados con mutuos y mortales golpes, caiganya sin vida; luego que el fondo mismo de la tierra haya bebido su rojasangre, ya negra y cuajada, quién ofrecerá sacrificios expiatorios?Quién lustrará sus cuerpos? Oh desdichas nuevas de esta casa, quevenís a juntaros con sus antiguos males!


Justo es que ante todo te salude, ciudad de Argos; y a vosotros,dioses de mi patria, que me habéis ayudado en mi vuelta, y en lajusticia que he hecho en la ciudad de Príamo. No atendieron los diosesa discursos para juzgar la causa. Sin que uno siquiera discrepaseecharon en la urna de la sangre voto de destrucción y muerte contraIlión. Tan sólo la esperanza acercó su mano a la urna del perdón,ninguna otra la ocupó con su voto. Todavía el humo hace ver de todaspartes el lugar donde se alzó la ciudad tomada. Todavía ruge allí y seenseñorea el huracán desencadenado de la desolación, y al morir lashumeantes cenizas lanzan de sí con sus postreros alientos los tesorosdel pueblo vencido. Demos gracias a los diosesp. 161 por tales beneficios, recordándolos coneterna memoria. Feliz suceso tuvo el lazo de perdición que tendimos anuestros enemigos; por una mujer Ilión ha quedado reducida a cenizas.El monstruo argivo salió del vientre de un caballo, armado de sufuerte escudo, y de un salto poderoso lanzóse sobre la ciudad a lahora que las Pléyades caminan a su ocaso. El hambriento león salvade una arremetida sus torres y bebe la sangre real, y regálase conella hasta saciarse. Ahí tenéis mi primer pensamiento y mis primeraspalabras que yo debía a los dioses. Y por lo que hace a lo que túpiensas, bien lo oí y lo guardo en la memoria, y digo lo mismo que túy en ello me tienes completamente de tu lado. Pocos hombres son decondición tal, que celebren la buena fortuna del amigo sin envidiarla.El mortal veneno de la envidia va infiltrándose en el corazón del quepadece de este achaque, y hácele que se doblen sus dolores. Sientesobre sí el peso de sus propios males, que le ahoga, y angústiase ala vez, contemplando la dicha ajena. Bien puedo hablar así, porquelo sé de propia experiencia; que he visto bien en el espejo de lavida que aquellos que parecían amigos míos tan adictos, no eransino vana apariencia de una sombra. Tan sólo Odiseo, Odiseo que sehabía embarcado contra su gusto, ya que se unió a mí, siempre estuvodispuesto a llevar conmigo la carga y marchar adelante. Ora que seamuerto, ora que viva aún, así debo declararlo. Lo demás que mira algobierno de la ciudad y al culto de los dioses, ya lo trataremos enpública asamblea de todos los ciudadanos: allí proveeremos cómo lo bienordenado se mantenga y perpetúe largo tiempo; mas lo que pida remedio,ya lo curaremos nosotros resueltamente con el fuego y el hierro, yprobaremos a ahuyentar de aquíp.162 toda dañada pestilencia. Pero entremos en nuestro palacio,en nuestro hogar, y ante todo saludaré con mi diestra, y rendiréadoración a los dioses que me llevaron a tan lejas tierras, y despuésguiaron mi retorno. La victoria me siguió entonces; que por siempreviva a nuestro lado!


Qué Erinna es esa cuyas maldiciones llamas sobre este palacio?Pónenme miedo tus palabras. Agólpase mi sangre al corazón, como siherida con mortal golpe viera ya ponerse ante mis ojos la postreray desmayada luz de la vida. Ay! Y cómo viene presuroso elinfortunio!


p. 199Y por conjurar losmales que amenazan, oh Tierra! oh Tierra! aquí tienes la ofrendaingrata con que me manda presurosa una mujer impía. Miedo me da quepalabras tales salgan de mis labios! Una vez que la sangre cayó en elsuelo, con qué se redimirá? Ay, hogar de desdichas! Ay, desolacióndel palacio de mis reyes! Ay, tinieblas densísimas, jamás visitadasdel sol y a los humanos aborrecibles, que envolvéis esta morada desdeque su señor fué muerto!


Ojalá llegue a cantar jubiloso himno de muerte sobre los cuerposensangrentados y sin vida de un hombre y una mujer! Porque a quéocultar este pensamiento que acude a mi mente y la llena? Mal que mepesara, asoma a mi rostro la ira, y el odio cruel y acerbo que sealberga en mi corazón.


Será. Pero no irá fuera de camino, que yo pregunte: a qué envióestas libaciones? Por qué esta tardía reparación de un mal que nola tiene? Para qué estos presentes miserables a un muerto que no securará de ellos? No acierto a imaginarme que se pueda ella esperar.Tan sólo sé que tales regalos son mucho menores que su culpa. Todaslas libaciones del mundo, derramadas por la sangre de un solop. 218 hombre, trabajo perdido.Este es mi sentir. Mas si sabes qué pueda ello ser, dímelo, que lodeseo.


Luego que nacimos quedó fija nuestra suerte. Nuestras manos nodebían de llegar jamás a los inmortales. Nuestros banquetes no habíande tener a ninguno de ellos por convidado. Las cándidas vestidurasde la alegría estaríanos para siempre vedadas. Nuestro destino eraarruinar las casas dondep.255 Ares en traidora guerra de familia arma a deudos contradeudos. Oh! Sobre quien a tal se atreve, sobre ese nos lanzamos,apenas derrama la sangre, y le perseguimos, y por fuerte que él sea, lehacemos desaparecer.


Soberana Atena, ante todas cosas te libraré de ese grave cuidadoque revelan tus últimas palabras. No vengo a ti menesteroso deexpiación, ni me abracé a tu imagen con las manos manchadas por elcrimen. Yo te daré prueba cierta de ello. La ley reduce a silencioal matador mientras la sangre de tierna víctima no le purifique desu mancha. Tiempo ha que así expié mi delito, y corrí casas extrañasy tierrasp. 259 y mares.Sobre esto, pues, desecha todo cuidado. En cuanto a mi linaje, al puntovas a saberlo. Soy de Argos; a mi padre Agamemnón bien le conociste,que él fué el capitán de la armada griega, y con su ayuda arrasasteno ha mucho la ciudad de Ilión. Vuelto a su casa, halló la muerte,y no con gloria, sino que mi madre con negras entrañas le mató,envolviéndole en la red de traidor artificio. Testigo es aquel bañodonde corrió su sangre. Yo estaba huído hacía tiempo, mas por fin volvíde mi destierro, y maté a la que me parió; no he de negarlo ahora. Pagócon su muerte la muerte de mi amadísimo padre. Cómplice mío fué Loxias,que me anunció grandes males de no castigar a los autores del crimen;con que puso acicates a mi voluntad. Decide tú si obré en justiciao no. A ti remito la causa: cualquiera que sea la sentencia, yo laacato.


Cómo defiendes su absolución? Considéralo. Este hombre regó latierra con la sangre de su madre, con la sangre que corre por susvenas: y ha de ir después a Argos y ha de habitar la casa de su padre?A qué aras públicas se atreverá él a acercarse? Qué cofradía habráque le reciba a sus ceremonias y lustraciones?


Nunca más vuelva yo a ver el almo río, el de las crecidasfecundantes, el de las aguas vivíficas que vigorizan la sangre de loshombres! Mi patria, anciano, mi antigua y sagrada patria es la tierradonde se alzan las aras de estos dioses.


Una corona de huesos dorados es la tercera parte de la serie De sangre y cenizas, escrita por la autora Jennifer L. Armentrout y aquí podrás descargar el libro gratis en formato epub, traducido al español. 041b061a72


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